Necesito que transmitan misterio, que me trasporten al sitio donde quiero estar. Y no, no sé qué sitio será ese, si un bosque encantado o una película de Tim Burton, pero segurísimo que no es un centro comercial, con luces fluorescentes y velas supuestamente ritualizadas, fabricadas en masa.
Me da la sensación de que las tiendas esotéricas, en su inmensa mayoría, no están hechas para que compren las brujas, sino el público profano que busca cualquier amuleto protector, o una solución fácil a sus inquietudes.
Si yo tuviera una tienda, no vendería rituales precocinados, pero vendería todo lo necesario para hacerlos. Tampoco haría trabajos mágicos para los clientes: igual que no vendería un rotulador que quizá pinte o quizá no, o un frigorífico que quizá enfríe o a lo mejor no. Seamos sinceros con esto: por mucha energía e intención que le pongas a un trabajo mágico, por mucho conocimiento que tengas y muy detallista que seas... el universo es caprichoso, y tiene sus propios planes.
Más nos vale enfocar esa energía e intención en nuestro crecimiento personal. Fortalecer nuestras alas y nuestra capacidad de vuelo, siempre será mejor que rezar por una rama que no se vaya a romper jamás. Y hablando de ramas, ya me estoy yendo del tema.
A lo que iba. Si alguna vez tengo los medios para abrir una tienda física, será un lugar donde apetezca estar y pasar el rato. Puede que además de tienda fuese cafetería, ¡o tetería!. Y sobre todo nada de paredes lisas y luces blancas. Sería una casa de brujas.
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